En efecto, este hotel es un lugar de visita obligada cuando uno acude de paseo al centro histórico de la Ciudad de México. Ubicado en la esquina de la calle 16 de Septiembre y el Zócalo, tiene una magestuosa fachada que se puede apreciar tanto de día como de noche, pues está bien iluminada.

Vitral Tiffany firmado por Jacques Gruber
Al ingresar al Hotel nos encontramos con el lujoso lobby que nos remonta al siglo antepasado, sus dos elevadores de acero forjado, su piso, columnas y pasillos, pero lo más impactante es voltear al techo y observar el espectacular vitral Tiffany.
Altamente recomendable es comer en el restaurante Plaza Mayor, o arriba de él en el restaurante Terraza, ya que en cualquiera de los dos se aprecia toda la Plaza de la Constitución: Catedral, Palacio Nacional, los Edificios del Gobierno del Distrito Federal y la monumental bandera nacional.
La historia de esta bonita construcción estilo palaciego se remonta a 1529 cuando empezó a formarse el portal de mercaderes con 3 casas: la de Rodrigo de Albornoz en 1529 (hoy el Gran Hotel de la Ciudad de México), la de Rodrigo de Castañeda en 1539 (esquina de la calle 5 de Mayo y el Zócalo) y la que quedaba en medio de las anteriores en 1552. Sobre la casa de Rodrigo de Albornoz se edificó el “Centro Mercantil” en 1895, una tienda departamental de prestigio que duró hasta mediados del siglo XX cuando fue vendido y convertido en el actual Gran Hotel de la Ciudad de México.
El Hotel estuvo cerrado por más de un año y reabierto hace dos pues fue objeto de una completa remodelación que lo dejó mejor aún que como el día de su inauguración hace varias décadas, ya que convirtieron todas las habitaciones en suites, le construyeron un piso adicional y abrieron un restaurante más.
Cabe señalar que como Hotel 5 estrellas, los huéspedes gozan de todas las comodidades del mundo moderno, dentro de un impresionante marco Art Nouveau.





